jueves 17 de enero de 2008

Nucleares no, gracias

Una parte parte de mí es un tecnófilo. Otra parte es un humanista. Me gustan las ciencias aplicadas, me gusta la tecnología, pero también me gusta la naturaleza, la pluralidad de entornos. Deseo dejar a mis descendientes un mundo sin hipotecas, un planeta tan limpio y entero como el que yo recibí. Creo que la energía nuclear, en el estado tecnológico actual, entra en conflicto con estas creencias. La energía nuclear puede que sea el futuro, pero no es el presente.

Las centrales nucleares generan residuos radiactivos, incompatibles con la vida, que tardan miles de años en desaparecer. ¿Qué ocurrirá cuando existan en el planeta ocho o diez mil centrales nucleares? ¿Cuántos accidentes podemos permitirnos antes de irnos a vivir bajo tierra? ¿Puede algún presidente de gobierno garantizarnos que no va a haber más accidentes como el de Chernóbil? No pueden. Nadie puede asegurar tal cosa. ¿Sabéis cuántos miles de toneladas de residuos radiactivos representa la instalación de cincuenta o sesenta centrales nucleares por país? Una barbaridad que no nos podemos permitir. El riesgo intrínseco que presenta la energía nuclear es inaceptable. Desde el transporte y manipulación de los residuos hasta la propia obtención de la energía nuclear es un peligro constante. Los reactores nucleares necesitan ser refrigerados. El agua utilizada para ello calienta los ríos destruyendo la fauna y la flora.

Tras el accidente de Chernóbil, el planeta es 155.000 km2 más pequeño (hasta dentro de 10.000 años, no podrá vivir allí un ser humano sin sufrir enfermedades por radiación). Se recogió radiación proveniente de Chernóbil a 1.300 km de distancia. Hubo que evacuar pueblos enteros (unas 155.000 personas). La fotografía muestra la ciudad abandonada de Pripriat. Además, hubo que evacuar 120 pueblos más, tanto en Ucrania como en Rusia y en Bielorrusia. La radiación afectó a casi toda Europa. Actualmente se calcula que varios millones de personas (MILLONES) sufrirán diferentes tipos de daños (cánceres, deficiencias inmunológicas, etc) como consecuencia de la exposición a la radiación que generó el accidente de Chernóbil.