lunes 21 de enero de 2008

Rajoy, un tipo poco negociador

A. R. Gallardón regresa de Moscú para ofrecer su apoyo simbólico a Rajoy en un acto público. Los seguidores del PP rompen en aplausos y vítores para el edil madrileño. Gallardón se refugia en una esquina con semblante serio y abstraído. Esperanza Aguirre, con máscara sonriente, ni le mira ni le saluda. Rajoy medita con la mirada perdida. Acebes recurre a su cara de póquer (la de los días posteriores al 11/M, cuando se derrumbaba Aznar). Todo el acto exhala un tufillo a precatástrofe.

Rajoy, después de lo sucedido, está obligado a ganar las elecciones del 9 de marzo, sí o sí. De lo contrario su carrera política "se fini". Lo que ha ocurrido en Génova es la esencia del talante intransigente de la cabeza del PP, la incapacidad de unos líderes políticos para hablar, negociar y entenderse. Si no se entienden ni entre ellos, como quieren que les confiemos las riendas del país. La alta política, señores Rajoy y Gallardón, es negociar (lo es desde Sócrates) e imponer los criterios con argumentos, no con decisiones unilaterales. En muchos asuntos de estado que hemos vivido en estos años, el PP se ha quedado solo. Se queda solo porque es incapaz de negociar con nadie, porque Rajoy se cree poseedor de la verdad absoluta y del resto de verdades pequeñas. Y seguramente, en algunas ocasiones tiene razón. Pero en política, la razón no es para quien la tiene, sino para el que se gana el derecho a tenerla.